Ocho horas, una eternidad. Se retrasaba 480 minutos a su propia cita; 28800 segundos tarde al lugar acordado.
Tal vez fuese una pura casualidad, tal vez le había pasado algo y yo estaba aquí, sola, ya desconfiando de él. O, símplemente, se había olvidado por completo de mí como podía pasar y más, con el paso del tiempo que pasaba allí de pie sin nadie más que mis propios pensamientos, obviedad tenía.
Y yo, como tonta, había caido en el encanto de su sonrisa. Eso no es propio de una aprendiz a asesina. Aunque, tal vez, era por eso; debía de tener miedo de mí, de mi propia personalidad. Soy una jodida asesina. No querrá quedar conmigo.
Dejo caer mi cabeza hacía a un lado, en signo de derrota. He perdido. Las otras se lo llevarían y a mi me dejaría sola. Las lágrimas caen de mis traicioneros y vacios ojos sin previo aviso y su regusto salado me es realmente deconocido en estas circunstancias aunque sea tan sumamente corriente. Apoyo el peso de mi cuerpo en el árbol a mi espalda esperando que mi compañero de grupo no se haya escondido entro los arbustos para verme llorar, será deprimente que lo admita ante él solo como para admitirlo frente a mi tío y sus-mis compañeros. Dejo caer mi peso sobre la hierba, la rozo con las palmas de las manos; sólo queda eso. Las gotas saladas de mi rostro caen sobre el verde de las hojas, no estoy llorando como debería. Sólo puedo llorar de ilusión al pensar que el ahora estará bien en su casa con otra chica, sólo puedo descargar mi dolor pensando que no fui yo quien le hizo daño: no cumplí mi misión de matarlo.
Porque, a cada momento que sonríe, caigo rendida ante los recuerdos...
- ¡Micaela! ¿Ya tienes que irte? - Su pelo se coloca agitado por los lados de su rostro. Sus ojos azules se tornan tristes.
- Nos espera un largo viaje, - comienza a responder mi tio - y si no nos vamos ya, no llegaremos a la hora.
Cisel toma aire y lo guarda. Sonrío porque leo en su expresión que lo que desearía guarda dentro de él sería mi aroma. Miro a los ojos del muchacho de siete años que hay frente a mí. Sin soltar la mano de mi tio en ningún momento, le sonrío con dulcura: sé que será la última vez que le vea, quiero recordarlo para siempre. Sólo soy una niña de seis años con deseos incomprensibles y ahora mismo lo daría todo por estar unos años más en aquel pueblecillo tranquilo y relajado. Daría un par de segundos de mi vida por verle sonreír aunque sólo fuese una vez más.
Y parece que lee mis pensamientos: sonríe. Me dedica una sonrisa en la que salen a relucir sus dientes, esos blancos y delicados dientes de leche que persisten en su boca. Sus ojos azules se cierran por completo de la amplitud de su sonrisa y extiende una mano. La miro con desconfianza, le gusta hacerme rabiar con truquitos de magia escondidos en sus manos. Pero él sólo abre los ojos y relaja la gran sonrisa en una cruva en sus labios. Abre la palma de su mano y me enseña un pendiente de un dragón. Noto como mi tio sonríe por detras de su bufanda y mueve su mano para que yo me acerque.
- Lo encontré en mi casa y pensé que... Tal vez... Que posiblemente te gustase y así te acordases de mí... - desvía la mirada, se sonroja cual color rojo verdura. Se muerde el labio inferior con inocencia. Que mono.
- Para acordarme de tí, sólo tendré que mirar las estrellas. - Digo. Mi tío coje con cuidado el pendiente de dragón y remueve la cabellera negra de Cisel. Él sólo escucha mis palabras: - Porque siempre que las vea, me acordaré de tu mirada y tu sonrisa. Te lo prometo.
Y sonrío. Le dedico la mayor sonrisa de las que jamás en la vida pensé que podría hacerlo.
Y no lo he vuelto a hacer. Desde esa última sonrisa ya no lo he vuelto a hacer. Sólo él se merece mis sonrisa. Y ahora no está.
- Micaela... ¿Estás ahí?
O, tal vez, sí.
No huyan.
No teman de la oscuridad que aquí se pueda encontrar. No come a las personas, no las absorbe. Sólo formarán parte de un mundo loco.
Entre sin miedo.
miércoles, 9 de marzo de 2011
sábado, 5 de marzo de 2011
Efímera Existencia
Mi amigo invisible y yo... Somos buenos compañeros.
Mi amigo invisible y yo... Me entiende como si fuese de cristal.
Mi amigo invisible y yo... Me hace olvidarme de los demás.
Mi amigo invisible y yo... No peleamos jamás.
Mi amigo invisible me quiere, me dice la verdad.
Mi amigo invisible me escucha cuando lloro y detiene mis actos cuando no van a bien.
Mi amigo invisible nunca se aleja de mí y eso está bien porque yo le necesito a mi lado.
Mi amigo invisible es capaz de hacer las tonterias menos pensadas para verme sonreir.
Mi amigo invisible comprende cuando estoy mal y grito, él sabe que yo le quiero.
Mi amigo invisible me cuida en la enfermedad, no me deja delirar.
Mi amigo invisible siempre tiene hisrorias para contarme, nunca me deja callada.
Mi amigo invisible no parece un besugo como los demás, él sólo busca cariño amistoso.
¿Te gusta mi amigo invisible? A mí también, ojalá existiese de verdad.
Mi amigo invisible y yo... Me entiende como si fuese de cristal.
Mi amigo invisible y yo... Me hace olvidarme de los demás.
Mi amigo invisible y yo... No peleamos jamás.
Mi amigo invisible me quiere, me dice la verdad.
Mi amigo invisible me escucha cuando lloro y detiene mis actos cuando no van a bien.
Mi amigo invisible nunca se aleja de mí y eso está bien porque yo le necesito a mi lado.
Mi amigo invisible es capaz de hacer las tonterias menos pensadas para verme sonreir.
Mi amigo invisible comprende cuando estoy mal y grito, él sabe que yo le quiero.
Mi amigo invisible me cuida en la enfermedad, no me deja delirar.
Mi amigo invisible siempre tiene hisrorias para contarme, nunca me deja callada.
Mi amigo invisible no parece un besugo como los demás, él sólo busca cariño amistoso.
¿Te gusta mi amigo invisible? A mí también, ojalá existiese de verdad.
Cabecitas Huecas
Somos cuerpo y somos alma. Tenemos esperanza e inhalamos deseos. Bebemos vida y perdemos tiempo.
No hacemos absolutamente nada en condiciones. O tal vez sí.
¿Qué nos diferencia de los demás seres humanos? La cabeza. Esas cabecitas huecas que se olvidan de la esencia que es el ser humano. Un sólo pensamiento que nos distingue de otros semejantes, una bobada.
Un sólo tick. un trastorno compulsivo, una mirada un tanto diferente es lo que nos produce ese miedo tan incomprensible.
Si pudiese coger los malos defectos humanos y llevarlos al buen camino... ¡Es más! Si pudiese arrancar de las miradas ajenas ese odio y miedo, si pudiese rellenar los huecos vacios con un poco de empatía y comprensión tal vez ellos nos llevase a no tener que cambiar. Incluso podría fundar una escuela para aprender a ver las personas como son. No nos darían miedo esas sonrisas sin sentido; pero, ¿qué es lo que nos produce tanto terror? ¡Si es una sonrisa! mejor la sonrisa que vivir en seriedad y aún más si quien nos la envía es esa personilla que jamás pensaste que lo haría.
Ojala el mundo fuese la utopia que todos esos inútiles que creen gobernarnos nos dicen. Pero no está.
¿Quieres mejorarlo y conseguirlo? Empieza ya. Sólo tú podrás crear tu utopoa interna. Porque yo ya no puedo; total, sólo soy una nota apuntada en una servilleta.
No hacemos absolutamente nada en condiciones. O tal vez sí.
¿Qué nos diferencia de los demás seres humanos? La cabeza. Esas cabecitas huecas que se olvidan de la esencia que es el ser humano. Un sólo pensamiento que nos distingue de otros semejantes, una bobada.
Un sólo tick. un trastorno compulsivo, una mirada un tanto diferente es lo que nos produce ese miedo tan incomprensible.
Si pudiese coger los malos defectos humanos y llevarlos al buen camino... ¡Es más! Si pudiese arrancar de las miradas ajenas ese odio y miedo, si pudiese rellenar los huecos vacios con un poco de empatía y comprensión tal vez ellos nos llevase a no tener que cambiar. Incluso podría fundar una escuela para aprender a ver las personas como son. No nos darían miedo esas sonrisas sin sentido; pero, ¿qué es lo que nos produce tanto terror? ¡Si es una sonrisa! mejor la sonrisa que vivir en seriedad y aún más si quien nos la envía es esa personilla que jamás pensaste que lo haría.
Ojala el mundo fuese la utopia que todos esos inútiles que creen gobernarnos nos dicen. Pero no está.
¿Quieres mejorarlo y conseguirlo? Empieza ya. Sólo tú podrás crear tu utopoa interna. Porque yo ya no puedo; total, sólo soy una nota apuntada en una servilleta.
Porque la vida es un sueño; y los sueños, sueños son.
+ Ayer soñé contigo.
- Ah, ¿sí? Y, ¿qué pasaba?
+ Verás, ya tenía las maletas hechas y en la puerta de mi casa. Me despedía de las pocas personas que habían venido a darme algún objeto sin valor para poder recodarlos en el fururo; tú no estabas... Yo estaba triste porque a ti si te iba a recordar sin necesidad de objeto alguno...
- ¿Te extraña?
+ ¡Chst! Calla que no he terminado. Mis pasos vacilantes y temerosos del futuro me llevaban al andén. Y ahí estabas tú: triste, con miedo, perfecto. Como siempre. Te acercabas y me rozabas la cara con las yemas de tus dedos. Me decías que no me fuese. Que me quedase en la ciudas un poco más. Que querías decirme el gran vacío que se alojaría en tu pecho al irme yo.
- No suena eso a mis palabras...
+ Lo sé, ¿no ves que era un sueño?
- Ah, ¿sí? Y, ¿qué pasaba?
+ Verás, ya tenía las maletas hechas y en la puerta de mi casa. Me despedía de las pocas personas que habían venido a darme algún objeto sin valor para poder recodarlos en el fururo; tú no estabas... Yo estaba triste porque a ti si te iba a recordar sin necesidad de objeto alguno...
- ¿Te extraña?
+ ¡Chst! Calla que no he terminado. Mis pasos vacilantes y temerosos del futuro me llevaban al andén. Y ahí estabas tú: triste, con miedo, perfecto. Como siempre. Te acercabas y me rozabas la cara con las yemas de tus dedos. Me decías que no me fuese. Que me quedase en la ciudas un poco más. Que querías decirme el gran vacío que se alojaría en tu pecho al irme yo.
- No suena eso a mis palabras...
+ Lo sé, ¿no ves que era un sueño?
jueves, 3 de marzo de 2011
Enfermedad, aléjate de aquí.
¡Hola, hola mis queridísimos y pocos lectores!
Os traigo un video que hicimos un compañero y yo el año pasado, ¡disfrutar!
¿Estás enfermo?
martes, 22 de febrero de 2011
Quando le stelle cadranno dal cielo, tutto ha una luce strana.
"Cuando una estrella cae del cielo, todo tiene una extraña luz"
De la cual no nos damos cuenta hasta que ha llegado el momento. Porque somos seres ciegos ante los milagros y las perfecciones. Vivimos en tal mundo de ideales e indiferencias que todo nos es sumamente distante y desconocido ya bien pueda ser algo que vimos ayer o hace más de diez años. No somos capaces de percibir la hermosura de las cosas tal cual nos rodean, sólo vemos aquello a lo que nos han obligado a creer con nuestra edad. Por eso, los prejuicios no nos abandonan. ¿Quién no ha juzgado alguna vez a una persona sin haberla conocido? ¿Quién ha dicho que no ante una aventura sin tener ni idea de qué trata? ¿Quién no ha rechazado una carta de San Valentín por venir del - de la - desafortunado/a de la clase o del colegio? Sólo por estúpidos estereotipos...
Porque no somos capaces hoy en día de ver más allá de la máscara que es el cuerpo humano - u otros objetos opacos o, incluso, ideas - para adentrarnos en lo más profundo del alma y maravillarnos ante su hermosura. Las personas que sí lo hacen, que son capaces de leer en lo más profundo de su ser y contestan un energético "sí" a todo aquello que se les plantea y, al leerlo, lo encuentran interesante son aquellas que en el fondo sí disfrutan de la existencia. Porque vinimos a la vida para usarla y aprovecharla y no tirarla cual trasto viejo u hoja gastada y rallada por tonterías infantiles a la basura; vivimos para ver la belleza con nuestros propios ojos humanos los cuales ya no ven nada por su censura y las vagas ideas del horrible mundo en el que creemos vivir y nos han obligado a verlo con esta estúpida norma de: " no más de aquí". Por ello, cuando las estrellas caen sobre la tierra nosotros nos encerramos en nuestros cuartos con una consola, una televisión, un ordenador... Algo de ocio - jamás de cultura - porque nos parece tan sumamente tonto molestarse en ir a mirarlo, pensamos que perderemos nuestro "valioso tiempo" - ya que aún así lo malgastamos nosotros mismos solitos, sin ayudas ajenas -. Pero los que si van, los que saben apreciar lo hermoso en cosas pequeñas y prefieren perder el tiempo descubriendo tales cosas que encerrados, sabemos y disfrutamos de la lluvia de lucecillas extrañas y curiosas que caen sobre la superficie terrestre a nuestros pies.
Nosotros sabemos vivir de verdad. Por ello hermanos, coger mi mano y seguirme a más allá de la mirada, crucemos el umbral con los ojos bien abiertos y espectantes. Cegémonos con las luces del alba, respiremos aire sin preocuparnos de su aroma, sintamos el tacto del viento rozar nuestro cuerpo.
Juntémonos humanos, fusionémonos con aquellos que saben sentir la vida tal como es - cuando así se desea - maravillosa cuando los rayos de sol te rozan la cara inaugurando un nuevo y divertido día más.
domingo, 6 de febrero de 2011
Fusionémonos.
Su violín sonaba con dolor y desesperación. Estaba sentada sobre la roca cerca del lago donde la había encontrado la últma vez. Su pelo negro ondeaba al viento soltando ligeras gotas de agua que resplandecían por brillo propio ante la luna llena que reinaba en la luz del claro. Podía sentir como ella tenía los ojos cerrados para disfrutar de cada nota que escapaba por sus manos, por sus dedos, por su dulce música.
¿Todavía estaría enfadada? Él sólo había hecho lo que su hermana menor le había pedido. Pero ella no quería volver... ¿O sí? Era la primera vez que veía alguien como él y se sintió extraño al notar sentimientos contradictorios a los suyos... O, incluso, iguales con diferentes matices. Si pudiese sudar, seguro que ahora mismo estaría empapado. Si pudiese sonrojarse, seguro que estaría rojo de vergüenza. Si pudiese hablarla, lo haría.
Piensa en dar un paso al frente pero sus rodillas tiemblan. Piensa correr pero una presión lo retiene. Cree poder rozarla en su distancia de cinco metros pero sabe, que aunque puede expanderse, sus moléculas acuosas se desharían al tocarla. Por un momento, recapacita sobre si a ella le pasa lo mismo cuando piensa en él. Pero, ¿qué dice? ¿Por qué tendría ella que pensar en él? Y, ¿por qué no? ¿Acaso no es lo suficientemente bueno para ella? ¿Quién se creía?
Estaba perdiendo la cabeza.
- Danna - la llama - ¿por qué no te vienes con nosotros? - su voz tiembla ligeramente al decir nosotros. Estaba harto de que Alex se llevase a todas las chicas de calle. Esperaba que con Danna, su encanto no funcionase. La quería para él solo. Sólo para él.
Al oír su voz, la música se distorsiona. Suenan unos acordodes que anuncian terror, miedo y odio. Se para de golpe y su cabeza gira ligeramente hacía él.
- Los de mi es... Nuestra especie no se relacionan con inmundes humanos.
Puede parecer idiota pero una ilusión crece en su pecho al escuchar que formaban de la misma especie. Eso podía darle oportunidades.
- Tu hermana sí que lo hace...
- Ella no es como yo. Además, le gusta que la necesiten. Sin el oxígeno que les da, no pueden sobrevivir.
- Los humanos son un setenta por ciento agua, Danna...
- Nosotros un noventa y nueve por ciento, Safiro. - Su cuerpo se derrite ante sus ojos y se materializa en frente suya. Sus ojos color aguamarina son tan profundos como las profundidades del mar de donde viene y se esconde. - No somos humanos. Se creen que pueden controlarnos cuando a nosotros sólo nos gusta fluir y nadar. Nos gusta sentir la libertad en cada molécula de agua de nuestro acuoso cuerpo. - Sus manos juguetean con los blancos mechones de su agitado pelo. Cierra los ojos. Aún siente los de Danna contra su rostro. A Safiro le gustaría poder suspirar al sentir su manos fundirse con su pelo y colarse dentro de él. ¿Por qué se sentía así?
- Danna... - Nota como sus extremidades se vuelven acuosas. Piensa que se va a derretir ante su contacto. - ¿Qué... Qué me pasa? - Su voz comienza a llenarse del tono con sonido a agua que tanto le disgusta. Nota la presencia de Danna más cerca de su rostro, siente que sus manos se han fundido en completo con él. Sus nervios aumentan, su cuerpo se derrite con mayor rapidez. - ¿Qué... Qué m-me haces?
- Fusionémonos. Unámonos en uno. Fúndete con tu mismo ser, Safiro... - susurra la pelinegra contra la piel de su hombro. ¿Cómo ha llegado ahí? Pero si... - ¿No es lo que sientes? ¿No notas nuestra esencia juntarse?
No lo notaba. ¡Y tanto que lo notaba! Asustaba, daba miedo. Le gustaba. Le hacía sentirse vivo; su esencia, esa pequeña bolita interior que le hacía comprenderla, se expandía por su ser chocándose con otra alma acuosa. Chispas que saltaban hacía todos lados, roces y caricias eléctricas, aunque de forma contradictoria, los unían a ambos. La sentía tan cerca que casi podía admitir que latían al unísolo.
Y desapareció.
Dejándolo solo y desconcertado, abandonado y jadeando.
El valle volvió a su oscuridad habitual.
¿Todavía estaría enfadada? Él sólo había hecho lo que su hermana menor le había pedido. Pero ella no quería volver... ¿O sí? Era la primera vez que veía alguien como él y se sintió extraño al notar sentimientos contradictorios a los suyos... O, incluso, iguales con diferentes matices. Si pudiese sudar, seguro que ahora mismo estaría empapado. Si pudiese sonrojarse, seguro que estaría rojo de vergüenza. Si pudiese hablarla, lo haría.
Piensa en dar un paso al frente pero sus rodillas tiemblan. Piensa correr pero una presión lo retiene. Cree poder rozarla en su distancia de cinco metros pero sabe, que aunque puede expanderse, sus moléculas acuosas se desharían al tocarla. Por un momento, recapacita sobre si a ella le pasa lo mismo cuando piensa en él. Pero, ¿qué dice? ¿Por qué tendría ella que pensar en él? Y, ¿por qué no? ¿Acaso no es lo suficientemente bueno para ella? ¿Quién se creía?
Estaba perdiendo la cabeza.
- Danna - la llama - ¿por qué no te vienes con nosotros? - su voz tiembla ligeramente al decir nosotros. Estaba harto de que Alex se llevase a todas las chicas de calle. Esperaba que con Danna, su encanto no funcionase. La quería para él solo. Sólo para él.
Al oír su voz, la música se distorsiona. Suenan unos acordodes que anuncian terror, miedo y odio. Se para de golpe y su cabeza gira ligeramente hacía él.
- Los de mi es... Nuestra especie no se relacionan con inmundes humanos.
Puede parecer idiota pero una ilusión crece en su pecho al escuchar que formaban de la misma especie. Eso podía darle oportunidades.
- Tu hermana sí que lo hace...
- Ella no es como yo. Además, le gusta que la necesiten. Sin el oxígeno que les da, no pueden sobrevivir.
- Los humanos son un setenta por ciento agua, Danna...
- Nosotros un noventa y nueve por ciento, Safiro. - Su cuerpo se derrite ante sus ojos y se materializa en frente suya. Sus ojos color aguamarina son tan profundos como las profundidades del mar de donde viene y se esconde. - No somos humanos. Se creen que pueden controlarnos cuando a nosotros sólo nos gusta fluir y nadar. Nos gusta sentir la libertad en cada molécula de agua de nuestro acuoso cuerpo. - Sus manos juguetean con los blancos mechones de su agitado pelo. Cierra los ojos. Aún siente los de Danna contra su rostro. A Safiro le gustaría poder suspirar al sentir su manos fundirse con su pelo y colarse dentro de él. ¿Por qué se sentía así?
- Danna... - Nota como sus extremidades se vuelven acuosas. Piensa que se va a derretir ante su contacto. - ¿Qué... Qué me pasa? - Su voz comienza a llenarse del tono con sonido a agua que tanto le disgusta. Nota la presencia de Danna más cerca de su rostro, siente que sus manos se han fundido en completo con él. Sus nervios aumentan, su cuerpo se derrite con mayor rapidez. - ¿Qué... Qué m-me haces?
- Fusionémonos. Unámonos en uno. Fúndete con tu mismo ser, Safiro... - susurra la pelinegra contra la piel de su hombro. ¿Cómo ha llegado ahí? Pero si... - ¿No es lo que sientes? ¿No notas nuestra esencia juntarse?
No lo notaba. ¡Y tanto que lo notaba! Asustaba, daba miedo. Le gustaba. Le hacía sentirse vivo; su esencia, esa pequeña bolita interior que le hacía comprenderla, se expandía por su ser chocándose con otra alma acuosa. Chispas que saltaban hacía todos lados, roces y caricias eléctricas, aunque de forma contradictoria, los unían a ambos. La sentía tan cerca que casi podía admitir que latían al unísolo.
Y desapareció.
Dejándolo solo y desconcertado, abandonado y jadeando.
El valle volvió a su oscuridad habitual.
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