No huyan.

No teman de la oscuridad que aquí se pueda encontrar. No come a las personas, no las absorbe. Sólo formarán parte de un mundo loco.
Entre sin miedo.

martes, 21 de diciembre de 2010

Metal Heart

Mis pasos resuenan por el pasillo del hospital, oigo el sonido de mis botas con la suela de metal sobre el frío e "impoluto" suelo de ese horrible centro donde está ingresada Kira, o lo que queda de ella. O lo que la unión dejó de ella. El sonido del papel al arrugarse se suma al de mis botas; si mi cabello pudiese emitir sonido al chocar con mi rostro, serían un estruendo por su ligero y tranquilizador vaivén. Como se nota que su movimiento no refleja nada de mi interior, no deja que la gente se empatice con mis sentimientos contradictorios, con esa vocecilla al fondo de mi alma que me dijo que trajese a mi cita con Kira mi daga de plata. El filo del metal parece ser más pesado que cualquier metal que en la vida pudieses imaginar, debe ser más pesado que el suyo. Por unos momentos recuerdos sus dedos rozando mis mejillas, su tacto es tan frío como lo es su brazo metálico. Recuerdo haber acariciado su pierna y haber sentido el mismo tacto áspero. Y me daba igual. Yo la quería aunque "el experimento B" se llevase su parte izquierda. Es más, yo era su asistente a la hora de la rehabilitación. Todavía soy capaz de oír su llanto, todavía saboreo el sabor salado de sus lágrimas; pero sólo de su ojo derecho. Pensar que hasta hace unos días pensaba que Kira tenía dos ojos... Un ojo violáceo con azul y el otro negro cual ónice. Tal vez es así porque esa piedra fue usada para su ojo robot. Pero esto ya era muy fuerte.
- Oh, Erick... - susurra una voz a mi espalda. - ¿Vienes a ver a Kira? - el tono meloso de Erika es realmente inconfundible. No hace falta que me gire a verla, sé que es idéntica a su hermana gemela; una ironía, ¿no? Sólo que ella no está al borde de la muerte, ya lo está. - ¿Has encontrado algo interesante en la cabaña de Hayley? Sabrás que está mal mirar cosas ajenas ¿verdad, chico malo? - Sus manos se cuelan por los pliegues de mi capa y rozan mi espalda. Su tacto es cálido, contrario a su hermana. Todavía me produce escalofríos pero en su momento elegí y me quedé con Kira aún con sus defectos. Ahora no sé que pensar. Oigo a Erika ronronear en mi oreja, noto sus labios en mi oreja.
Desaparece.
Me deja sólo en el pasillo con su calor recorriéndome por todo el cuerpo. Por un momento hubiese gritado un "Bésame" tan fuerte que cualquiera pudiese haberme malentendido pero ella sí que lo habría entendido. Pero mis labios han sido reservados para otro cuerpo cerca de la muerte.
Habitación 212. La habitación de Kira.
Y entro. Por un momento la luz me ciega y no soy capaz de ver la carita de ángel de Kira tumbada en la cama, inerte. Doy unos golpecillos en la puerta para que vuelva a la realidad: su espalda se arquea, sus ojos al máximo se abren y, con un rápido y ágil movimiento, me mira. Sus ojos son penetrantes y siento como trata de leerme el pensamiento mas no puede pasar por mis ojos azules, ahí se queda. Una sonrisa suya se asoma entre sus blancos dientes y por un momento siento el impulso de lanzarme a su lado para cuidarla como antes. Pero en mis labios no se asoma nada, no hay emoción ya ni en mi rostro ni en mi cuerpo. Es como si todo se hubiese ido al leer esos horribles papeles que Hayley tan bien había guardado.
Me siento al borde de la cama, hinco mis codos en mis rodillas y pongo la nariz a la altura de mis manos entrelazadas. A su vista, sólo ve mis ojos. Y yo sé que mi sombría faz la asusta, no quiero sonreír.
- ¿Qué te pasa, Erick? - su voz angelical me envuelve por completo, me aturde.
- ¿Qué te pasa a tí, Kira? ¿No tienes algo que contarme? - mi voz suena tan fría y calculadora que ya no se asemeja a la mía. - Enséñamelo.
- ¿El... El qué? - su voz tiembla. Su controlador cardiaco indica que sus pulsaciones están al máximo.
- Ya sabes el qué. - lanzo los papeles que tanto horror me habían producido sobre la cama, sobre sus piernas. - La razón por la que estás... - ella me calla.
- No quiero enseñártelo. Ni lo haré jamás.
- ¿Por qué?
- No es divertido enserñar...
un corazón robótico.

¿Cómo ser feliz?

¿Qué necesita una persona para ser FELIZ?

· Estar sano.
Estar "sano" puede significar mucho: estar sano psicológicamente o estar sano físicamente. Ambas son imprescindibles pero... ¿eso no nos convierte en una misma entidad?¿La locura de una persona no la hace distinguida de los demás? Y a lo físico... ¿una persona con una minusvalia no puede ser feliz?
· Querer y que te quieran.
El amor es taaan necesario.
Perfectamente puedes amar pero no ser correspondido. Puedes enamorarte de la persona equivocada y al final terminar tus días con un: "Y qué hubiese pasado si..." ¿es eso felicidad?¿Es acaso felicidad enamorarte de una persona que sabes que nunca va a considerarte por igual?¿Es felicidad creer que nadie te ama cuando, puede ser, para alguna persona estas ocupando su corazón hasta dañarla?
· Cuidar las Relaciones.
Ya bien sean las amistades, la familia o la pareja todo se basa en tu comportamiento. Estamos obligados a tratar en cierta forma a las personas se amolde o no a nuestro carácter. Ser una persona criticona, mandona, irrespondable, e hipócrita no ayuda en tus relaciones. Pero, tampoco lo ayuda la sumisión y la pasividad. Todos somos como somos pero nunca nos comportamos con tales.
· Formación.
Profesional o no estamos obligado a formarnos en algo para llegar a ser alguien. Por este caso, si la vida son dos días pasamos uno estudiando y el otro trabajando. Estamos en un ciclo, del que no podemos escapar, en que lo único que nos importa es ser el mejor para tener un buen trabajo que consuma nuestra vida e ilusiones para, pese a todo el dinero, no pensar en lo desgraciado que te sientes.
Todo esto es un ciclo vicioso, ¿eh? Nos engañan diciendo que la felicidad esta a nuestro alcance; a sólo un estirar de mano pero no nos dicen que nunca la lograremos alcanzar. El ser humano es vicioso por naturaleza y siempre quiere más y más sin poder evitarlo. Nunca estamos a gusto. Nunca encontraremos eso llamado "felicidad" si nos ponemos metas tan altas que no podeos ver ni el sendero que nos acerca a ellas.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Reset.

Ya no tengo palabras. Mi garganta se niega a hablar. Está seca, como yo. Es como si el frío se hubiese apoderado de mi ser y me consumiese poco a poco.
Y estoy sola. Abandonada y herida como mis recientes cicatrices esperando su curación. No llegará; jamás. Soy como la vieja y rota muñeca de un niño de buena familia: ya no sirvo. Siempre habrá soluciones para quitarme de en medio y echarme a la basura, a vivir con lo que soy: porquería.
Y no soy más, doy igual. He sido mancillada y estropeada para nada; sólo quería estar bien, deseaba ver esa sonrisa que era tan difusa... Pero ya no me es imprescindible. Ahora sólo puedo querer seguir adelante y alejarme de aquí. Irme lejos, donde nadie me encuentre para empezar de cero. Resetear mi mundo, hacer que los demás me olvi... Eso ya está hecho. Empezar una nueva historia en esta aventura del juego de rol que jamás entendí. Yo soy la player que jamás cumplía las misiones más sencillas, yo soy la que se ganó la insignia a la más idiota y, aún peor, a la inútil de turno eterno. Porque la idiotez me la pegaste tú con la primera palabra de ese cruce tan singular y normal. Y no, no hay vacuna para ello. No hay cura. Estoy enferma desde ese día y del cuidado voy escasa. No soy de porcelana, lo sé; pero soy frágil y resquebradiza: mis manos ya apenas siento; mis ojos no quieren ver y mi boca no va a hablar; pero, mi cabeza trató, con mi mente, un contrato con la muerte. Memento mori -Recuerda que has de morir-. No podré irme sin liberarme del peso por el que fui obligada a soportar dolor y desprecio.
No podré pulsar "Reset" hasta que explote, hasta que mi honda llegue lejos y te encuentre. Y, sólo, cuando tú me esuches, cuando tú me mires y me entiendas, podré volver a vivir. Podré empezar otra vez.
Quien sabe, tal vez nos volvamos a encontrar (; 

N/A: Dedicada a mi queridísima amiga Rocío. Porque sus ánimos y sus fuerzas me han ayudado mucho en mis malos momentos y sabe que siempre me tendrá ahí para hacer las idiotas en jacuzzis o soltar nuestras penas en globos que el viento se llevó.
Te quiero mi sádica<3 

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Poema de Invictus.

En la noche que me envuelve,
negra como un pozo insoldable,
agradezco a los dioses, si existen
mi espíritu inconquistable.
Caído en las garras de las circunstancias,
he gemido pero no he llorado en voz alta.
Ante las puñaladas que me deparó el azar,
mi cabeza sangra, pero no me he postrado.
Más allá de este lugar de furia y de lágrimas,
yacen los horrores de la sombra.
Pero la amenaza de los años me encuentra
y me encontrará, sin miedo.
No importará cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la existencia.
Soy el dueño de mi destino.
Soy el capitán de mi alma.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Me quedo quieta, sola; de pie.Espero una respuesta a la pregunta jamás hecha...

¿Por qué?
(Parte primera: Cuando el amor llama a tu puerta y tú no tienes fuerzas para responder...)
Oir su voz es aturdidor. Me confunde y me distrae. Me deja tendida a un borde de las sombras del pasado que quieren llevarme de nuevo con esos horribles recuerdos a los que yo ya negué visión en mi cabeza, los quiero olvidar para siempre. Parece que es imposible.
- Pa... Patrick... - susurro.
- Mía, cuánto tiempo sin verte. Te he echado tanto de menos... - él se acerca a mí. Tengo el impulso de correr pero mis piernas no responden a mis nervios. Es como si algo se hubiese interpuesto entre su conexión. Sé que es la influencia suya. Su dedo corazón e índice rozan mi mejilla. Su tacto es tan cálido y suave... - Y yo aún te quiero...
- Mientes. Siempre lo has hecho.
- ¿Qué te hizo pensar eso? - su rostro angelical se coloca a apenas diez centímetros delante de mí. Sus ojos azules penetran en mi alma y noto como mi rostro se relaja, como me envuelve su presencia; me tiene controlada.
No me doy cuenta de cómo la gente abandona la sale; incluida, Valeria. Nos quedamos solos en ese cuarto casi a oscuras.
- Pues... - tengo los labios secos. Me los humedezco con la punta de la lengua y Patrick entiende mal: me besa. Me aparto con fuerza pero su mano es más ágil y me atrapa, me secuestra con su cuerpo y me obliga a mirarle a los ojos. - Porque me usaste. Porque tú nunca me quisiste, Patrick. ¡Admítelo! Cuando estábamos juntos "intimidando" apagabas la luz para no verme, - comienzo a enumerar - nunca me miraste a los ojos y si lo hacías era de reojo, tú decías cuando debíamos hablar y cuando no, me quitabas las ilusiones con tus palabras, me traías a la realidad para hacerme sufrir y me trataste cual... cual desecho humano. Me... Me... Me maltr...
- ¡Te cuidé! - gritó. Sus manos se hunden con fuerza en mis costillas. Dolor; otra vez. - ¡Yo te dí todo lo que jamás tú tuviste! ¡Más que nadie! No te das cuenta de que el simple hecho de besarte, ¡era un gran favor! Por favor, eres una desconsiderada... - frunce el ceño y su rostro se torna agresivo, su voz amenazadora y sus palabras, cuchillos. Me apreta más contra él, hunde sus dedos en mi piel y la retorció. No pude reprimir un chillido. La música me lo acalla. - Debería haberte enseñado mejor a no irte cuando tuve ocasión. - Su mano se levanta con ansia. Me encogo, me escondo dentro de mi ser para no sentirla.
Imposible. Jamás se puede huir del dolor por mucho que trates de dejarlo a un lado. Siempre va a estar ahí. Y es lo que yo vuelvo a sentir cuando su mano toma contacto con mi rostro. Es volver al pasado, a esa época en la que dormía con miedo a no despertar jamás; cuando tenía miedo de llegar tarde a casa o de no tener sus cosas listas a tiempo. Cada fallo podía costarme la vida; todo era peligroso cuando estaba con él. Y ahora me vuelvo a acordar de ese horrible sufrimiento, de ese sabor a hierro en la boca.
Vuelvo a sentir su amor chocar contra mi cara.
- ¡ERES MÍA! ¿Cuándo te va a quedar claro, joder? Si no te hubieses ido de mi lado, ¡esto no estaría pasando! - me chilla. Sus manos se dirigen hacia mi garganta y mi espalda choca contra la pared. Me gana en fuerza, en masa muscular; en todo. Le sobra una mano de mi cuello que la dirige a acariciarme el rostro. - Sabes que yo no te quiero hacer daño... Que sólo quiero que te quedes conmigo. Pero tú, ¡no lo pones fácil! - su mano libre abofetea mi mejilla. Con la fuerza con la que me sujeta por el cuello apenas puedo dejar que mi cabeza siga su inercia y gire. Ya no siento el suelo bajo mis pies. - ¡Joder! ¿Por qué lo haces todo tan difícil? ¡Con lo fácil que es quedarse en un buen hogar!
- ¡Tú no me quieres! - grito. Trato de defenderme pegándole en el pecho con los puños pero apenas me quedan fuerzas, no le hago nada. - ¡Nunca lo has hecho! ¡Sólo has sabido maltratarme! - Su puño se encuentra con mi estómago, inevitablemente le escupo sangre a la cara.
- ¡Da igual que te quiera o no! ¡Eres mía! Sólo mía, ¿sabes? - su voz disminuye el volumen. - Te quiero. Siempre te he querido, Mía.
- Mentira.
Sus dedos se funden en mi cuello y noto como topan con la Aorta y la Yugular. No parece que vaya a disminuir la presión sino queinsiste en mover los dedos sobre ellas. Duele. Me ahoga. Sus puño libre apreta el lugar dónde se encuentra mi corazón. Sus dedos se hunden, parece que quiera arrancarme el corazón. No es la primera vez que lo hace, no es la primera vez que dice que algún día se comerá mi corazón para que estemos siempre juntos.
Yo no quiero.
- Eres mía, sólo mía.
Voy a jugar mi última carta.
- Sí, soy Mía. M-Í-A. Pero yo no soy TUYA. - Con las pocas fuerzas que me quedan le proporciono una patada en su intimidad.
Y me suelta de un golpe para retorcerse de dolor. Aprovecho que está de rodillas en el suelo para huir. Me llevo las manos al cuello para tratar de calmar el dolor y permitir que el aire entre mejor al cuello. Corro a duras penas hasta la puerta y uso el resto de mis fuerzas para tratar de abrir la puerta. Está cerrada; por fuera. Grito con insistencia suplicando ayuda, sé que nadie me va a abrir.
Un grito tras de mí me insta a girarme. No es buena idea. Patrick se lanza sobre mí y, agarrándome por los hombros, choca mi cabeza contra el frío suelo de mármol. Cinco veces. Desearía que me proporcionase ya la muerte pero sé que no se me dará ese gusto. Coloco mis manos en su pecho y empujo con fuerza, con la poca restante. Imposible. No hay forma humanda de quitarlo de encima. Con una mano agarra mi brazo derecho y tira con fuerza de él. Grito de dolor, del intenso sufrimiento que el dislocamiento de mi hombro supone.
- Eres una zorra malnacida... - se ríe. - Si quisieses vivir me hubieses matado en el instante que tenías la pistola ese último día que nos vimos. Pero no lo hiciste. Cobarde.
- No lo hice porque te quería... - sollozo.
- Y porque lo sigues haciendo. - Su mano vuelve a mi cuello - ¡Y ese es el peor error que puedes cometer en tu vida!
Su mano derecha se dirige atrás y saca algo. Brilla con la escasa luz del ambiente. Un cuchillo.
- ¡No! - grito - ¡No lo hagas, por favor! - me falta el aire - ¡Volveré contigo pero no me mates! - las lágrimas se deslizan por mis mejillas y llegan a su mano.
No me hace caso. El arma afilada cae directa sobre mi pecho y, de un fuerte empujón, lo baja hacia abajo. Me abre un gran corte en el pecho y lanza el cuchillo al otro lado de la sala. No puedo gritar porque la sangre llena mi boca y resbala por los lados. Las lágrimas sí salen, lloro por él; aún le quiero, sí. Mete su mano por el corte y busca algo. Yo no sé que es porque poco a poco la sala pierde su escasa luz y su rostro es ya casi una forma borrosa delante de mí.
Es cierto que el cerebro sigue vivo unos siete segundos después de que el corazón deje de latir. Lo último que vió mi dolorido cerebro fue a Patrick cumpliendo su promesa: hizo que los dos estuviesemos juntos para siempre, 
se comió mi corazón.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Thinspiration.

Yo también quiero ser como Ana. Quiero ser tan guapa y perfecta como ella.
Quiero saber su secreto, por qué ella es tan alta y tan delgada. Por qué nadie es capaz de dejar de admirarla. Por qué su ropa la queda genial y todo la cabe, todo la sienta tan bien...
Me gustaría que la gente fuese tras de mí con la ansia que van tras de ella. Deseo ser tan popular como ella, ser tan guapa y lista como ella. Tener su fuerza de voluntad.
Pediría por deseo de cumpleaños, cual niña pequeña, poder meterme en su piel. Aunque sólo fuese un día. Sentir su perfección en mis muslos rechonchos, en cada centímetro de grasa de mi cuerpo y poder jurar que algún día estaré así, como ella.
Porque es la que le gusta a los chicos. Es la que desean. Es por la que babean y con la que tienen sus sueños húmedos. Con la que se excitan, con la que se van. Ana.
Y no conmigo. Nada es conmigo. Yo soy sólo un estorbo en sus vidas cotidianas. Alguien quién no merece la pena ni que vaya a comprarse ropa porque nada me sienta bien, nada me cabe y no tengo ni gusto ni estilo. Los vestidos me odian por mis piernas gorditas y horrendas. Los tirantes me desprecian por mis brazos fofos. Los bikinis me miran mal por mi barriga. Los vaqueros no me hablan por mi culo blando.
Tengo para agarrar, pero muy mal esparcido. Es más, la gente prefiere sostenerse en las caderas huesudas de Ana que en las mías, rebosantes de grasa.
Seguro que si hacemos una encuesta masculina los resultados serían los siguientes:
Sí -> Tetas.
No-> Inteligencia.
Sí -> Sexo.
No -> Romanticismo.
Sí -> Sexo duro.

No-> Compañeras en la vida.
Sí -> Delgadez.
No -> Obesidad.
O sobrepeso. O apenas ligeros kilos/gramos sobre nuestro peso ideal.
Todas tenemos que pesar unos cuarenta kilos. O buscar un amor ciego. Tenemos que ser Ana's.
Es un camino duro, muy difícil por la idea de dejar de comer esos deliciosos y grasientos dulces. Es horrible por la cantidad de alimentos que dejamos de ingerir.
Pero merece la pena. Los resultados se notan. Pierdes peso rápido, los chicos se acercan a ti diciendo que ahora estás más guapa. Tú te sientes feliz por un momento y luego, a solas en tu casa, tirada en la cama, lloras por ser tan horrible. Desprecias el camino elegido pero es demasiado tarde para volver atrás: tú cuerpo le gusta estar así. Incluso, desea ser más esbelto y más delgado. Demostrar que dentro tienes huesos que forman tu estructura y órganos que se notan al ponerte la mano en la tripa. ¡Qué tripa! Sobre tu plano y reciente vientre.
Ahora sí que soy Ana. Mi deseo cumplido.
Ya no me miraré al espejo y veré a esa bola de grasa supurando ázucar por cada uno de los poros. Ya no me veré fea ni monstruosa. Ahora veré mi esqueleto y me sentiré feliz.
Ahora seré deseada.
Encontré mi inspiración. Thinspiration es una nueva forma de vivir y ver la vida.
Pero a mis seres queridos no les gusta. Dice que me puedo morir. Sólo podré morir así de belleza al contemplarme al espejo. Y cuando logre mi objetivo seré una divinidad griega. Seré la mujer que todos los chicos quieren. Sólo tendré que ponerme pecho. Tengo que renuncir a mis senos naturales para ser tan delgada. Tengo que rechazar a todo para que los demás me consideren preciosa.
Pero seguir a Ana ya no es efectivo. Estoy acostumbrada a ella. Será mejor que conozca a Mia para expulsar de mi interior todas las cosas malas.
Y es un vicio. Un ciclo.
No puedes escapar.
Ahora soy...
...perfecta.

viernes, 22 de octubre de 2010

El Tiempo vuela de entre nuestras manos, no somos capaces de usarlo.

- "You've never liked the clock. Tick tock tick tock. If only youth would last, but time goes by too fast..."
La estaba oyendo. Sí, debía ser ella.
Nuestro chico se da la vuelta; esa voz es facilmente reconocible.
- "Everybody needs someone to hold them sometimes and tell them that it's gonna be allright..."
Estaba cantando "Tick Tock" de Hush. Cómo le gustaba esa canción. Recordaba como se la solía cantar mientras, tirada en la cama, dibujaba sus retratos a lápiz para luego guardarlos en el fondo de su corazón.
Pero todo eso ya pasó. No había más amor entre esas dos personas, entre ese hombre y esa mujer; ya son adultos. Ya no creen en cuentos de hadas pero sí en mares helados que les separan, que lo hicieron y que siguen haciéndolo.
Pero amores así, no se olvidan. Amores por los que das la vida y el alma son los que perduran más allá de la muerte, fallecimiento... o cansancio. Pero no fue rutina su pena. No fue nada de eso.
Fue una historia más trágica... Posiblemente nada de eso no hubiese ocurrido si terceras personas no se hubieran entrometido en la relación. Posiblemente todo hubiese sido un sueño sólo. Posiblemente todo hubiese sido bonito. Pero la vida, no es justa...
- ¡No cruces! - repitió Noa.
- Déjala.
- ¡Cállate, Melanie!
- ¡A mí no me mandes callar!
- ¡Tú no pintas aquí nada!
- ¡Oh, vamos! Si estás loquito por mí desde cuarto. No lo niegues - se agachó un poco para quedar a la altura de Noa. Sus escote cayó al suelo, dejó ver todo.
- Eres... una zorra.
Un golpe seco del novio de Melanie fue suficiente para apartar al "amante" de al lado. Cae al suelo, al duro asfalto. Cierra los ojos. Se duerme en un frío sueño. Ya no siente nada más, sólo el ligero dolor de la jaqueca. La frescura de su sangre, su sabor. Y un sonido.
- "You say that time just flies, but mine goes slowly by..." - es Lisa.
Noa se levanta de un salto, se marea. Todavía le sangra la herida de la cabeza. Pero lucha por ver a Lisa, por verla. Debe estar furiosa. Pero todavía canta.
- ¡LISA! - exclama con sus pulmones llenos de desesperación.
Quería abrazarla, decirle que lo que había visto no era real. Explicarle todo y rogar su perdón. Y la ve. Al otro lado de la carretera nevada. ¿Nevada? Nunca nieva en su ciudad.
- Lisa... cariño...
- "Tick Tock..." - sigue cantando.
Lleva el mismo vestido del día en que la conoció. Ese que a primera vista parece arrugado. Ese que lleva un bonito cinturón de cuero trenzado. Ese que la hace parecer un ángel. Y lo es. Es un ángel hermoso, paciente y bondadoso. ¿Por qué iba a quererla hacer daño?
- Tú lo eras todo... - susurra con su voz angelical Lisa.
Noa no sabe dónde meterse y trata de avanzar. Enseguida vuelve atrás. Le duele la pierna que ha cruzado la línea blanca. Le está sangrando. un corte profundo. ¿Cómo? Alarga un brazo y, al cruzar de nuevo ese fino trozo de pintura, algo corta la palma de su mano.
Y Lisa está de frente a la línea. Piensa cruzar.
- ¡Lisa! ¡No! ¡No lo hagas! ¡Hay algo raro! ¡Morirás!
Al oír esa última palabra los ojos dorados de Lisa se iluminan más. Mira al frente, hacia Noa. Parece que le atraviese con la mirada. 
Avanza.
-  Te quería tanto...
Sus ojos están llenos de lágrimas. Su pelo se mueve alborotado a causa del... ¿viento?
- Lisa, ¡atrás! - le aconseja Noa.
Entra entera en la carretera. No parece que le haya pasado nada.
¡Zas!
Su camiseta se rompe. Un corte en el estómago. Sangra.
Avanza.
- Eras todo para mí...
Otro corte más grande al lado del primero.
- ¡Lisa! ¡Sal de ahí!
Noa hace ademán de entrar mas otro corte en el tobillo le impulsa hacia atrás.
- Noa... ¿por qué? - avanza. No pasa nada. - Te quiero.
- Y yo a ti, cielo... - está tirado en el suelo mientras ve a Lisa parada.
Sus miradas se enfrentan. La de su novia es tan fría como la nieve del suelo. Algo la mata por dentro. Un error del pasado la ahoga.
- Mentira.
Y avanza. Un corte bajo la clavícula. Se acerca sitio peligroso.
- ¡Sal de ahí! - Noa se pone de nuevo en pie. Quiere avanzar pero tiene miedo.
- Has jugado conmigo... Me has usado... - avanza. Un mechón de pelo sale volando. - ¿Por qué me hace esto? - avanza. - ¿Me quisiste algún día?
Lugar peligroso. Dos cortes en el cuello. Parecen finos, sangran.
- Lisa, yo te quiero sólo a tí...
- ¡Deja de mentirme! - las lágrimas inundan sus ojos. Corre. Dos zancadas sólo.
Se oye un grito. Noa abre los ojos al máximo. Una de las lindas orejas de Lisa es amputada por completo. Pero ella se levanta. Apenas da un paso a ciegas cuando la otra sigue a su compañera.
- Noa... - susurra Lisa.
- ¡Lisa! - no se atreve a entrar por miedo. Pero quiere. Quiere ir a ayudar a su novia la cual le mira suplicándole ayuda. - Te quiero, te quiero, te quiero y te quiero. - Un corte, esta vez profundo, emerge en el suave cuello de Lisa. Sangra mucho. - ¡Te juro que no es mentira! Eres... lo único que me anima la vida. Te amo.
Es demasiado tarde. Lisa es incapaz de oirle ahora. Apenas puede respirar ya.
- Noa, Noa, Noa... - solloza en el suelo. Pero se vuelve a levantar. Le queda poco para llegar al centro de la carretera.
- ¿Qué pasa? ¡¿Qué coño pasa?! ¿Quién está haciendo la gracia? ¡Para por favor! ¡La vas a matar! - chilla Noa. Sabe que nadie la va a responder. Es más, duda de que alguien vaya a escucharle. Ahora está solo y nada más puede hacer una cosa. No se atreve.
Lisa da pasos a ciegas, no puede mantenerse ya. La sangre la está manchando su bella cara. No puede oir. Perdió el equilibrio al quedarse sin oído. Su vestido blanco ya no lo es, ahora el rojo tiñe su piel. Es su nueva marca. Sufre. La duele. Está avanzando poco a poco. Está encerrada en un huracán de dolor creado por el suyo propio y se acerca al ojo de este. Sus lágrimas se entremezclan con la sangre que corre por su cara y cuello. Está destrozada, no puede más. La queda poco. Cuando termine podrá descansar.
Llega al ojo. La parte más peligrosa de la vida, de la existencia... Del dolor.
- ¿Has oído hablar de la forma más fácil de dejar a alguien sin su único apoyo? ¿Sabes cómo hacer que alguien pierda el caminar? - dos cortes justos atraviesan sus tobillos y la dejan caer al cuelo de bruces - Es quitándole lo que más quiere... Noa... Tú eres mi apoyo... mi camino... - Sigue llorando pero es capaz de reincorporarse hasta quedar sentada de lado. Estira un brazo pero lo pierde. Su otra mano va directa a tapar la herida de su hombro derecho. Ya no puede escribir bonitas canciones, ya no puede pintar como lo hacía. De golpe, lo mira seria - Tú controlas mi vida; si juegas conmigo, me romperé; si me cuidas, sobreviviré.
Noa sabía a que se refería. Pedía ayuda. Demasiado orgullo cómo para pedirlo directamente, así lo hacía. Y él no hacía nada para ir a socorrerla. 
- Lo siento... Lo siento por todo... - dice arrepentida Lisa -  Si... Te he hecho daño... He jugado contigo... No te he valorado todo lo que tenía que hacerlo... No sé que te he hecho para merecer esto pero perdóname... - solloza.
Estaba de pie en el bordillo de la carretera mirando como su chica moría. Y lo hace. Corre. Corre hacia ella y nota como cuchillas afiladas cortan en sus piernas. Nota presión en ellas y se asusta. Pero sigue corriendo. Llega hacia Lisa y se arrodilla ante ella. Le duele todo y nota los cortes y las presiones, le da igual. Dibuja un corazón con su mano para Lisa pero esta sólo echa más a llorar. Moja su dedo en su propia sangre y lo dibuja en la palma izquierda de Lisa. Esta vez, no llora. Se acerca para darle un beso, un último beso.
Se oye un ruido. Cada vez más cerca. No saben que es. Quieren el beso. Lo desean. Están ya cerca cuando ella le da un ligero roce en los labios, le dice "te quiero" y se aparta de golpe. Su cabeza, su bella cara, es partida por la mitad. Se desliza hasta caer al frío suelo nevado. Está muerta. El cuerpo "inerte" de Lisa, de un empujón, aparta a Noa de su lado y lo tira en la carretera.
Noa vuelve al mundo real. Oye nítidamente la voz de Lisa diciendo que se aparte. ¡Está viva! No tiene ni un sólo rasguño. Grita un fuerte "Te Quiero". Una sonrisa asoma en el trsite rostro de Lisa. Pero Noa no ve el camión que viene. Sí ve como el camión arrolla a Lisa. Como un brazo de ella cae al otro lado, como su cabeza rueda hasta descansar a su lado. Nota como la sangre de su chica mancha su rostro. Por un momento no siente las ruedas del enorme camión pasar sobre sus piernas, como destroza sus huesos.
Sólo siente que una parte de él murió con Lisa.
Y ya han pasado casi 50 años de aquella trágica tarde de Otoño en la que perdió a su ser más querido. Y aún sentado en su silla de ruedas, mirando a su única compañera en el mundo, su perra de raza Terranova llamada Lizza, ya mayor, es todavía capaz de oír la dulce voz de Lisa cantando para él.